De novo sobre a mesa una proposta de modificación da lei educativa. De novo a pantasma da incerteza que estos cambios de rumbo causan entre alumxs e docentes.

Tendo presente que esta revisión segue a ser unha cuestión política, evidenciase una vez máis a fonda brecha que separa á lexisladora da realidade das aulas. Cada lexislatura tenta deixar a súa pegada neste eido (con mellor ou peor intención), partindo dunha perspectiva tan limitada como son os seus 4 anos de marxe.

Dentro de tan exiguo prazo, e a hemeroteca é cclara, non se procura un consenso que garantice estabilidade para una lei que debería gozar de prioridade. Así, asistimos aos continuos movementos ao albur do ministro correspondente que actúa ao ditado dos intereses do seu partido.

Esta situación pode percibirse claramente co sucedido recentemente arredor do debate sobre a reincorporación da asignatura de filosofía, como reflexo do peso que o neoliberalismo ten á hora de valorar a educación en humanidades. Ese desequilibrio no currículo a favor daquelas materias directamente relacionadas co mercado laboral, e avaladas co ‘caramelo’ das novas tecnoloxías, impide o desenvolvemento da base humanística tan necesaria na formación dun espírito crítico do alumnado.

E esa carencia de base fornecerá man de obra excesivamente especializada, que o mercado laboral usará e desprezará en periodos cada vez máis beves, resultando nunha vulnerabilidade das clases trraballadoras. Mais esto xa o temos visto ao longo da historia en incontables ocasións.

Só educando persoas, e non só formando traballadores, chegará una sociedade mellor.

De nuevo sobre la mesa una propuesta de modificación de la ley educativa. De nuevo el fantasma de la incertidumbre que estos cambios de rumbo causan entre alumxs y docentes.
Teniendo presente que esta revisión sigue siendo una cuestión política, evidencia una vez más la honda brecha que separa a la legisladora de la realidad de las aulas. Cada legislatura intenta dejar su huella en este campo (con mejor o peor intención), partiendo de una perspectiva tan limitada como son sus 4 años de margen.
Dentro de tan exiguo plazo, y la hemeroteca es clara, no se procura un consenso que garantice estabilidad para una ley que debería disfrutar de prioridad. Así, asistimos a los continuos movimientos al albur del ministro correspondiente que actúa al dictado de los intereses de su partido.
Esta situación puede percibirse claramente con el sucedido recién alrededor del debate sobre la reincorporación de la asignatura de filosofía, como reflejo del peso que el neoliberalismo tiene a la hora de valorar la educación en humanidades. Ese desequilibrio en el currículo a favor de aquellas materias directamente relacionadas con el mercado laboral, y avaladas con el ‘caramelo’ de las nuevas tecnologías, impide el desarrollo de la base humanística tan necesaria en la formación de un espíritu crítico del alumnado.
Y esa carencia de base suministrará mano de obra excesivamente especializada, que el mercado laboral usará y despreciará en periodos cada vez más beves, resultando en una vulnerabilidad de las clases trraballadoras. Pero esto ya lo hemos visto a lo largo de la historia en incontables ocasiones.
Sólo educando personas, y no sólo formando trabajadores, llegará una sociedad mejor.

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